La casa de las manos pacientes
En muchas cocinas y talleres, la jornada empieza antes del alba, cuando la leche aún tibia espera el cuajo, la masa de pan descansa y las primeras corrientes de aire marino visitan los estanques. Allí, entre susurros y herramientas gastadas, las manos pacientes corrigen, prueban, olfatean y conversan. Cada decisión, desde el corte de la cuajada hasta el giro de una compuerta, se basa en experiencia transmitida, pequeños ensayos diarios y una sensibilidad que sólo da el tiempo.